lunes, 30 de junio de 2014

El néctar de las cosas sencillas

30 de Junio y no me parece que sea verano. Hace fresco, me froto los brazos bajo los tirantes del vestido y me pregunto por qué me empeño en no ponerme algo de manga larga. La razón es simple, el pasado sábado me decidí (por fin) a hacer el dichosito cambio de ropa en el armario y mi cerebro se niega "¡jóder que es verano!", me grita. Es verano, pero el clima está tan enredado como el mundo o como yo misma. No consigo convencerme de ninguna tregua ni mucho menos encontrar el momento de disfrutar de mis nuevas sandalias o de las noches largas de terraza, estrellas y melón. 

Sin esperarlo mi hermano me trae un bol llenito de ciruelas recién cogidas del árbol, "¿no querías hacer mermelada?" me pregunta, no puedo evitar pegar la nariz y olerlas. Sonrío porque de pronto algo salta desde el trampolín infantil de mi memoria, algo parecido a un recuerdo o una certeza. "Ahí está" -me digo- "justo ahí". Agazapado, macerado en el néctar de las cosas sencillas, ahí adormece el verano.





Y habrá que despertarlo, no?? ;)

* Mermelada de ciruelas claudias:
(fácil-fácil)

- 500gr de ciruelas
- 250gr de azúcar
- 1 cucharada sopera de zumo de limón

1- Deshuesar,  lavar y trocear las ciruelas sin pelarlas (es lo más pesado), colocarlas en un bol y añadir el azúcar. Mezclarlo todo y dejarlo reposar y macerar una hora más o menos.
2- Colocarlo todo en un cazo y añadir la cucharada de zumo de limón, calentar a fuego medio durante una media hora más o menos (removiendo de vez en cuando).
3- Cuando esté hecha dejarla templar e introducirla en un tarro previamente esterilizado, se conserva unas tres semanas en la nevera y está riquísima!




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viernes, 27 de junio de 2014

...porque acaba siendo verdad.




"El mundo hay que fabricárselo uno mismo, 
hay que crear peldaños que te suban, 
que te saquen del pozo. 

Hay que inventar la vida 
porque acaba siendo verdad."

                                 Ana María Matute





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martes, 17 de junio de 2014

70% ingrávida

Percibo el cambio, empezó siendo muy sutil, lo dejé crecer porque me dije que quizá suponía una necesidad que despertaba y se hacía vigente incluso en cosas chiquitinas, como ésta. Percibo el cambio incluso en el blog, noto como poco a poco lo voy conectado a esa parte de mí (que debe ocupar un 70%) que escribe, fotografía y paladea cosas sencillas, cotidianas, sin peso. El otro treinta por ciento no tiene nada que ver pero me equilibra. Pertenece al lado más críptico y complejo, más de cueva y hoguera, más compacto, más hermético y que últimamente adormita a golpe de luz. Luz que dejo entrar por la ventana, que se cuela por esas cerraduras abiertas que no necesitan llave, que disfrutan colándose por aquí y compartiendo con vosotros mis ratillos de cotidianidad, mis pensamientos, mis desvaríos (como este de ahora mismo jeje) e incluso el relieve de mi cansancio.

Este blog funciona a pilas de emotividad y ya os aviso que irá a más, que este rincón se consolida como la estación central (y virtual) donde no siento vértigo en mostrar(me) las ventanas abiertas de mi pequeño universo.







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jueves, 12 de junio de 2014

Cosillas de jueves...


Calor, calor, calor....me pregunto si resistiré a un verano que promete aliento de hoguera, buffff...de momento intento asirme a las cosillas que me reconfortan, como ésta canción y este vídeo que no puedo dejar de escuchar y mirar porque me tienen robado el corazón. Impresionante de verdad....y por ello no podía dejar de compartirlo con vosotros :)

Merece la pena, ya veréis...



Por cierto, ya sabéis lo dada que soy a experimentar jejeje, pues bien, he abierto una cuenta en Pinterest, (¿alguien tiene?)...y bueno.... de momento no me entero de ná! jajaja

Os dejo el enlace: 




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martes, 10 de junio de 2014

Las golondrinas lo saben bien


Es raro. Raro en mí, claro. R dice que no entiende por qué siempre me da por tejer cuando hace calor, yo tampoco así que le doy la razón y silbo, fiuuuuuuu.

Yo qué sé...pero es cierto y no sé el motivo ni tampoco me preocupa. Tejo, tres puntos altos y dos cadenetas, al hacerlo mi mente se lanza por el balcón y se vuelve ingrávida. Es como si al seguir esa sencilla mecánica una parte de mí pudiera relajarse y volar con más facilidad, "como cuando vas en tren o en autobús", le comento, te llevan y tú te relajas mirando por la ventanilla. Pues tejer en parte es eso, una ventanilla. Y es raro, sí, raro en mí, vale. Pero en cada punto hay un pensamiento, un recuerdo, un proyecto. En cada cambio de color tejo una lista inconsciente (tan dada como soy yo a las listas) de cosas por hacer, por soñar, por sentir, incluso por comprar. No es sólo lana, no es sólo crochet, es un ritual de silla cómoda, ventana y vistas panorámicas a mis propias cordilleras internas (las golondrinas lo saben bien, me observan divertidas al pasar). Quizá sólo ellas comprendan que en parte y en secreto tejo la formula mágica para huir del dolor, que en cada proyecto inocente se me abre un mundo aparte y el suelo pesa menos, o un poco menos

El verano va llegando y yo me enzarzo en una colcha kilométrica (al menos eso espero), nunca antes había hecho cuadraditos de Granny Square y lo confieso, casi di brincos de alegría cuando terminé el primero...

¿Se nota, no? ;)))













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viernes, 6 de junio de 2014

Paradise

Me duelen las manos, esa es la primera información que recibe mi cerebro (o que emite) nada más despertarme. Mientras apuro el café leo en la prensa que un asteroide llamado "la bestia" pasará cerca de la Tierra este fin de semana. "La besssstia" susurro para mi misma mientras sonrío...(me pregunto quien le habrá puesto el nombre, ¿Álex de la Iglesia?).
 
Arriba en el reproductor del blog Lily & Madeleine y una canción "Paradise" que sin saber por qué me remonta a mis treinta años y a aquella maravillosa etapa de absoluta ingravidez.


1.- Suelo encontrarme por casa este grupito de amigos de juguete, el otro día no pude resistirme a fotografiarlo, me parece que juntos y revueltos forman un pequeño caos de lo más entrañable.
2.- ¿Os había presentado al pequeño Sam?
3.- Me gusta el sol de tarde sobre las cortinas, me acerca al verano de melocotón y su calma..
4.- El otro día en casa de mi madre me reencontré con los zapatitos de flamenca que llevaba de niña. Sé que la escala engaña y que apenas puede apreciarse su tamaño real pero palabrita que caben en la palma de una mano. Me contaba mi madre -y de hecho tengo fotos que lo certifican- que me los ponía constantemente y zapateaba por toda la casa, "tacatacatá, sólo te faltaba dormir con ellos puestos", puntualizaba. Mientras la escuchaba los recuerdos (todos-toditos formato vintage) se me descolgaban de la memoria, me parecía casi imposible que mis pies hubieran podido caber alguna vez en ellos.
5.- Las margaritas proyectando su sombra. También ellas se divierten sacándole la lengua a la luz... ;)


Buen fin de semana!


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lunes, 2 de junio de 2014

Ventanas de un domingo pasado por calma




No es que el día de ayer tuviera grandes titulares, pero sí fue un domingo diferente, atípico porque tuve una mañana de silencio absoluto en casa, es decir, ni marido ni niños, cosa muy, muy rara y también, muy, muy gustosa porque me permitió disfrutar de unas horas de calma conmigo misma. Sin prisas, sin voces, sin obligaciones inmediatas, solos mi tiempo y yo. Desayuné como una auténtica reina (ya quisieras tú, Leti!), tostadas recién hechas con mermelada (nunca me pongo margarina), mis galletas preferidas y café. Releí una revista de cocina (ando muy, pero muy vaga para leer libros, esto es algo que merece otro post) y recibí al mes de junio con la mirada puesta en un sol tímido que se acercaba a mi cocina. Luego comí en casa de mi madre y pasé la tarde con ella, hablando, divagando, cafeteando, riendo como dos niñas. Es curioso, pero cuando vivía en casa de mis padres discutía con mi madre casi a diario, chocábamos como dos erizos (supongo que es casi un clásico jeje). Fue al independizarme y abandonar el nido familiar cuando realmente ella y yo nos unimos como una auténtica piña. Tengo un lujo de madre, lo digo con todo el orgullo del mundo, no sé qué hubiera hecho sin ella en muchos momentos de mi vida.

Al irme me cargó con mil cosas (como somos las madres! jejeje), entre ellas ese cactus. En realidad no es uno sino varios cactus juntos (¿alguien sabe su nombre?, me lo dijo pero no consigo acordarme) lo puse en un rincón soleado del jardín y me quedé un buen rato mirándolo. No sé, pero los cactus tienen algo que me hechiza desde siempre. En fin, sólo espero que no se me muera, se acomode a este clima de montaña y sea feliz.

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