jueves, 17 de noviembre de 2011

Ecos



Tengo las manos heladas y los labios ardiendo. He encendido una vela cuadrada que guardaba desde hace mil Navidades y una barrita de incienso con aroma de canela. Mi cuñada las odia, arruga la nariz ya desde la puerta, pero a mí me relaja el olor, toda la casa huele a pastel de cumpleaños y a lluvia.

No sé bien la razón pero me gusta encender velas cuando llueve. Cuando llueve y es otoño y siento la necesidad de recogerme piel adentro y hermetizar ciertas puertas de mí misma. Para que no se me escapen los anhelos que necesito para sentirme -imagino- o alguno de esos silencios internos que guardo bajo la almohada de la emoción. Y es que desde que piso ésta casa-palomar ando despeinada anímicamente y parecen haberse despertado ecos tras la ventana. Ecos y rumores, como hormigas que me recorren la conciencia. Quizá todo sea cíclico, pero desde que estamos aquí tengo la sensación de que la tierra está viva..





lunes, 14 de noviembre de 2011

Ejes


Es curiosa la forma en la que viajan las cosas. Hoy, sin ir más lejos, mientras me colocaba las gafas ha sonado en la radio el primera acorde de una canción y de pronto he recordado que desde Julio no me pintaba las uñas de margaritas y no escribía en el blog. Este blog que tiene la forma anatómica de mis estados de ánimo, mis divagaciones y pensamientos. De pronto he sentido una urgencia tremenda por repicar teclas, tengo tantas nadas que contarme que si las junto unas con otras logran formar el conjunto exacto de mi vida.