viernes, 31 de diciembre de 2010

Adiós, 2010..


A primera hora de la mañana ha llamado J, el amigo "ciclista" de R. Te he despertado?, me preguntaba entre sonrisillas burlonas, pues va a ser que no, le he dicho, en ésta casa la vida empieza muy temprano, luego le he deseado buena entrada de año y le he pasado a R. Mientras les oía hablar sobre uvas y campanadas me he dado cuenta de lo mucho que me fastidia la noche de fin de año, y no hoy, no ahora que estamos inmersos en una etapa inestable a parir, sino desde siempre, desde pequeña, desde que empezar el año con una sonrisa kilométrica ya me parecía una especie de imposición que me agobiaba hasta extremos inextremables. Este año y "celebrando" que la mudanza se nos ha complicado de forma casi surrealista, hemos decidido cruzar el año los 4 juntos, tranquilos, sin movidas familiares ni de amigos. Solos y sin agobios. Y no sé si es por ello, por ésta calma circular que me auto impongo, pero de momento no siento el vértigo ni el vacío calándome por los pies, o los siento a lo lejos, en chiquito, casi imperceptibles.




Y el último día del año se ha despertado así, color lluvia, lo que ya me ha puesto una sonrisa de forma natural. Creo que necesitaba ver llover, comerme los iones, beberme la lluvia a goteo y lanzar por el balcón un montón de chatarra anímica.

Feliz entrada de año a todos :)



jueves, 23 de diciembre de 2010

Magma


Ésta mañana a primera hora (y con la excusa de sacar a pasear al perro) me he perdido a propósito. He cogido la cuesta de la calle principal y he bordeado el barrio, como queriendo acumular información extra, descubrir nuevas cosas, verlas con ojos grandes, muy grandes, infinitos. Pretendía que todo me cupiera en la memoria del olvido, esa que poco a poco va difuminándose hasta quedarse en apenas un punto de luz. Me da pena irme de este barrio y de éstas gentes aunque no se lo confieso a R, me da pena cerrar la cremallera de esta etapa porque al pensar en la nueva siento un frio horrible perfilando el vértigo. Un frio que va más allá de este invierno. Un frio que me llega desde el núcleo central de mí misma.



Pretendía que este blog fuera una especie de diario sin más, algo simple y floreado, pero me doy cuenta que por alguna razón me voy arrancando espinas internas y escupiendo pequeños temores, quizá incluso salgan los grandes, los que vampirizan el centro de mi tierra y me formulan a lo complejo.

En fin, qué cosas..

lunes, 20 de diciembre de 2010

Día torcido


Me adapto a la normalidad de mi vida, una normalidad apaisada, casi como una rendición en chiquito. Me abrazo a ella y la acuno en el centro mismo de mis 43. No espero ya el tobogán de mi instinto, ya no, hace tanto de todo que se me adormecen las esquinas, los flecos, las manos y las ansias...
Paseo por mis calles sin prisa, reconozco las avenidas, las plazas, los edificios que me conforman, el barrio que habita dentro de mi propio circuito. Paseo, giro, subo, desciendo...solo que a veces, al pasar por mis escaparates y en plena calma, no me reconozco. Como si no fuera, como si no estuviera, como si mis pasos formaran parte de una inercia adaptada y yo no fuera más que una impostora en mi propia vida.

viernes, 17 de diciembre de 2010

A contraluz..

Mi cuñada me aconseja que anote los números de las cajas con su contenido en una libreta, que es lo mejor para organizarse en las mudanzas, dice, y yo, "obedeciente", tomo nota y apunto. La número 3 lleva cinco partes de mi memoria, la 7 algo de cansancio envuelto en cristalería, la 13 creo recordar que está repleta de esperanza, pero no pondría la mano en el fuego...



El otro día hice esta foto con el móvil, no tiene absolutamente nada, salvo que me hechiza el estallido del otoño contra el cielo..


Buen fin de semana!

jueves, 16 de diciembre de 2010

Y volar


Mi amigo T se ha ido de viaje, me ha llamado desde el aeropuerto momentos antes de embarcar. Hemos hablado de la ilusión del viaje y del poco equipaje que llevaba, apenas dos mudas y poca cosa más, ni libros ni música, me decía. Me gusta sentirle así, saber que deja parte del equipaje anímico en el aeropuerto y se va libre de sí mismo. Sólo espero que le haya tocado ventanilla, volar es como desaparecer un poco de todo y eso merece contemplarse. Siempre que vuelo tengo la sensación de que estoy tan cerca del sol que puedo acariciarlo con las pestañas..



Hoy no dejo de escuchar ésta canción...




miércoles, 15 de diciembre de 2010

Siete mareos y medio


Ayer R. me llevó a comer a un Wok. "Te vas a poner hasta las botas!" me dijo animadísimo, "hasta las botas!" repitió arqueando las cejas. Que R me diga que me voy a hinchar de comer, a mí, que debo ser la persona con menos interés gastronómico del planeta, tiene su miga, o su bota, o sus cojones.

Desde la puerta de la entrada hasta la mesa doce ya me había mareado unas cinco veces. Todos aquellos olores intensísimos de comida de todo tipo, pescados, mariscos, chuletas, salchichas, arroces, macarrones, verduras etc...etc..etc mezcladísimos y concentrados en un local pequeño y repleto de gente moviéndose sin parar con platos en las manos, platos llenos de comida, platos llenos de olores, platos, platos, platos..

Seis mareos.

Curiosamente al sentarme y forjarme al eje de la silla me vino el hambre (siempre me ha hecho gracia esa expresión, de dónde se supone que viene el hambre..¿de París?). Así que me encaminé con mi plato blanco nuclear a la zona de verduras, me preparé una buena ensalada de lechuga con tomate, apio..etc, y de segundo dos rodajas de merluza, luego me dirigí a la mesadoce. Al llegar R. ya tenía un plato combinado de mil cosas (arroz, pasta, croquetas, sushi y wonton,) y otro gestándose en la plancha. Fijó la vista en mi plato como si estuviera observando una visión paranormal..."pero porqué comes ensalada!, con la de cosas que hay!"

Siete mareos.

Por suerte pude ahogar el octavo mareo en un café con sabor a calma. Al salir me pareció que el planeta entero olía a regaliz roja e iba más despacio..


lunes, 13 de diciembre de 2010

De dientes y meteoritos..

Hoy he soñado que se me caían los dientes. Todos. Absolutamente todos. Me he acordado del sueño al salir de la oficina y girar la esquina de la calle, como si la ráfaga de aire frío de la avenida me hubiera despertado de pronto la memoria. Yo sin dientes, menudo sueño, me he dicho a mí misma, qué horror!...aunque eso sí..en mi sueño ni me inmutaba. Se me caían todos los dientes y yo como si se me cayeran cinco pestañas, tan ancha. Es curioso el surrealismo que gestiona el mundo onírico, a veces un sueño te impacta como un meterito en el corazón y otras parece que estás cubierta por un traje de neopreno anímico. Me he sonreído sola mientras caminaba y en un arrebato casi infantil le he enviado un sms a A. "Nena, qué significa soñar que se te caen los dientes?"

Me gusta pasear por la calle con la cara llena de sonrisas, sin prisas y con el frío congelándome la nariz.


domingo, 12 de diciembre de 2010

La caja número 33



Tengo el alma empaquetada. Creo que anda dividida entre las cajas número 12, 15 y 26, repartida entre el salón y el recibidor, fragmentada y metida a presión entre las páginas de mis libros, los juguetes de los niños y la manta de mi abuela...(bien calentita ella, eso sí, que de tanto desgaste se me ha vuelto el alma friolera).

Este año, a tres semanas de la gran mudanza, no hemos puesto los adornos de Navidad, de hecho creo que andan por la caja número 33, no hemos puesto nada de nada, ni media luz ni media bola ni medio árbol, y quizá sea esa la razón por la que el espíritu festivo se nos ha desprendido un poco a todos, lo noté ayer cuando mi hijo mayor advirtió que ya habían puesto las luces del barrio. Yaaaa?. Pues sí cariño, y ya hace un par de semanas que brillan. Por éstas fechas (incluso mucho antes) mi casa ya suele ser una tarta de carnaval, un confeti medio hortera de luces y bolas en danza, y es que me apasionan, (las luces navideñas, digo) desde niña, desde antes de niña, desde que alguien inventara las lucecitas de color azul, verde, amarillo y rojo "parpadeoso"(*). No soy creyente, en algún momento de mi infancia el niño Jesús se me desprendió del radar, pero adoro intensamente la Navidad por todo lo que significa para mí: el velcro que une y reune a mi familia al completo. O casi. Y ese "casi", este año de cambios, vuelos y velocidad, me pesa un horror. Pero lo extraño, lo realmente extraño, es que lo hace desde un rincón de mí misma que no localizo.



(*)- suelo inventarme palabras así, sin más.. ;)

sábado, 11 de diciembre de 2010

De estos sábados otros



Ésta mañana temprano, como cada sábado por la mañana temprano, R. ha cogido su bici y se ha echado a rodar. Le he visto meterse entre la niebla de la calle, "hoy parece Londres ahí afuera" me ha dicho mientras desayunábamos, los niños han salido a la terraza en estampida y en pijama, como si llevaran muelle en los pies. He visto a R. alejarse rodando avenida abajo y me he despedido un poco de la calle gris y de los pequeños adioses desde cierta altura. Hoy me rueda también el día, me ruedan los dedos, me rueda la luz...

Esta tarde iremos a encargar la cocina de la nueva casa. Empiezo a ilusionarme por el cambio, aunque sea una ilusión algo pequeña, como de conguito, como enmudecida, como bajo almohadón. Una ilusión rebozada de vértigo, todo ha resultado últimamente tan difícil, tan caótico...


Me gustan, me gustan, me gustan..
las mañanas frias de sábado,
las tazas de colores,
las cebras,
la calma,
los planes,
la luz,
(y los cocodrilos..)